Ya os dije que ando liada con el tema de literatura y la verdad es que llevo todo el día leyendo sobre los diferentes ciclos en los que se divide la literatura celta, y redactando las preguntas. Hoy he comprobado que todo lo estudiado en la carrera sirve algo más que para ganar al trivial a mi familia. Una de las preguntas era considerar la temática del ciclo del Ulster o el también llamado ciclo de Cuchulainn (uno de sus héroes). Ahí aparece la historia de Deirdre y esta historia que os pongo aquí. En las dos, he encontrado paralelismos con otra leyenda, también de origen celta, pero Bretón, no gaélico: la del rey Arturo. Deirdre podría llamarse Ginebra (Gwenhwyar, como me gustan los nombres celtas), Arturo sería Conchobar y el tercero en discordia, Naoise-Lancelot. Esta historia, mientras leía, me recordó otra (antes de ver el pie de nota del libro de Sainero que confirmaba mis sospechas) ¿Habéis leído Sir Gawain and The Green Knight? Entonces el siguiente relato os será familiar.
Bricriu ‘Nemthenga’, invitó a Conchobar y sus hombres del Ulster a una fiesta en una magnífica casa especialmente construida para la ocasión. Delante de la vivienda Bricriu levantó una casa de campo con grandes ventanales de cristal para poder observar el interior del gran salón, pues sabía que los guerreros del Ulster no le dejarían cenar allí con ellos.
Antes de la fiesta, Bricriu visitó a Loegaire Conall Cernach y CuChulain, tres de los grandes héroes del Ulster, y les dijo que en la fiesta habría un premio para el campeón entre los campeones: ‘Aquel de vosotros que gane el premio será rey de toda Irlanda. Recibirá un caldero tan grande como para meter dentro de él a tres guerreros llenos de vino. Tendrá un jabalí alimentado durante siete años con leche y grano en primavera, con requesón y leche dulce en verano, trigo y bellotas en otoño, y carne y sopa en invierno. Y tendrá además una noble vaca que durante siete años ha comido brezo, hierba del prado y trigo, y bebido leche. Y por último, recibirá cien enormes pasteles de miel. Éste es el premio reservado para uno de vosotros, pues sois los más grandes guerreros del Ulster. Al empezar la fiesta habréis de reclamar el premio.’ De ésta forma, Bricriu volvió a los preparativos de la fiesta, habiendo tentado a los tres héroes.
Los guerreros del Ulster llegaron el día previsto para el banquete, y hombres y mujeres ocuparon el lugar que les correspondía por rango. Cuando todo estuvo preparado, los músicos empezaron a tocar, y entonces, Bricriu anunció: ‘Allí está el premio reservado al campeón. Que gane el mejor’. Y con éstas palabras abandonó el salón y entró en su cabaña.
Tal como había previsto Bricriu, en seguida se desató una violenta discusión entre Loegaire, Conall Cernach y CuChulain, y al instante los tres guerreros estaban enzarzados en una pelea. Conchobar se interpuso entre ellos, y Senchae, que era el más viejo y sabio del grupo, dijo: ‘No deberíamos pelear durante la fiesta. Ésta noche, el premio será disfrutado entre vosotros tres, y mañana pediremos a Ailill, rey de Connaugth, que delibere en esta disputa’. Todos estuvieron de acuerdo con las sabias palabras de Senchae, y al momento la reunión se animó con el vino y la comida.
La fiesta continuó, pero al rato los tres héroes y sus esposas reanudaron la disputa sobre el premio del campeón. Se decidió que los tres viajaran en sus carros para ir en busca del rey de Munster, Cu Roi, hijo de Daire, o bien en busca de Ailill y Medb, rey y reina de Connaugth, alguno de ellos sabría como poner fin a la discusión. Así que los héroes atravesaron los cerros y llanuras en dirección a Connaught y Munster, y el suelo se estremeció a su paso.
A su llegada, Medb los recibió con una tinaja de agua para que aplacaran sus ánimos y luego fueron conducidos a sus habitaciones, donde cincuenta mujeres estaban encargadas de velar por su comodidad. Más tarde explicaron a Ailill y Medb que habían acudido a ellos para que dieran su opinión sobre el premio, y todos maldijeros a Bricriu por el alboroto que su idea había causado.
Ailill no era capaz de decidirse por ninguno de los tres, así que Medb tomó la palabra: ‘No hay ninguna dificultad en juzgar a cada uno de ellos’, dijo Medb a su marido, ‘ya que Loegaire es tan diferente de Conall Cerncha como el bronce lo es del oro blanco, y Conall Cernach es tan distinto de CuChulainn como el oro blanco del oro rojo. ‘Llamó a Loegaire: ‘Considero que tu debes ser el rey de Irlanda’, dijo Medb, ‘y a ti corresponde el premio del ganador; debes volver con Conchobar y sus hombres del Ulster y mostrarles esto como prueba de nuestra elección’. Y le entregó una copa de bronce, decorada en su base con la figura de un pájaro hecho de oro blanco, y Loegaire bebió el vino de la copa, y después se fue a la cama con sus cincuenta mujeres.
Entonces Medb llamó a Conall Cernach, y le dijo lo mismo, entregábndole una copa de oro con un pájaro de oro en su base. También él apuró el vino de la copa y se fue a la cama; a sus cincuenta mujeres se unió Sadb Sulbair, hija de Ailill y Medb.
Por último, la reina llamó a CiChulain, y Ailill se sumó a sus palabras. Entregaron al héroe una copa de oro rojo, y el pájaro de su base estaba tallado en una gema de incalculable valor. ‘Tu eres el campeón entre los campeones’, dijeron el rey y la reina de Connaugth, ‘y tu esposa Emer es, en nuestra opinión, la primera dama del Ulster. Vuelve con Conchobar mañana y reclama tu premio’. CiChulain compartió el lecho con la princesa Findabair.
Los tres héroes se despidieron de Ailill y Medb, y de la gente de la fortaleza de Cruachu, y cada uno de ellos volvió por separado al Ulster. Conall Cernach y CuChulain se vieron retrasados a causa de varias aventuras, y cuando por fin llegaron al fuerte de Conchobar, en Emuin Machae, encontraron a la corte entera de luto: Loegaire había llegado antes que ellos y anunciado la muerte de ambos. Sólo Sualtam, padre de CuChulain, pudo detener la pelea que ocasionó la falsa noticia anunciando una nueva fiesta de bienvenida. ‘Dejemos que cada héroe reclame para sí el premio’, dijo uno de los guerreros durante el festejo. ‘Después de todo, si alguno hubiese sido elegido como favorito durante su estancia en Cruachu, habría traido consigo una prueba de esa elección’. Logaire sacó su copa y reclamó el premio de Bricriu. ‘El premio es para mi’, dijo Conall Cernach, sacando a su vez otra copa, ‘ya que la mía es una copa de oro y la tuya sólo es de bronce’.
‘En ese caso, yo soy el campeón entre los campeones’, gritó CuChulain, y mostró a todos la copa de oro rojo con su pájaro tallado en una piedra preciosa. ‘Ailill y Medb se han pronunciado’, gritaron Conchobar y sus hombres. ‘Te otorgamos el premio’. Pero Logaire y Conall Cernach se negaron a reconocer la decisión y acusaron a CuChulain de haber sobornado a Ailill y Medb. Las hojas de las espadas brillaron nuevamente. Conchobar detuvo la pelea y Senachae el Sabio decidió que los tres debían dirigirse a Cu Roi de Munster y allí obtener una decisión definitiva.
Cuando lelgaron al fuerte de Cu Roi, observaron que éste no estaba en casa, pero Blathnat, su esposa, tenía orden de atender a los huñespedes con vino y comida hasta que llegara Cu Roi. Tras la cena, Blathnat les dijo que cada noche uno de ellos debía montar guardia, según las instrucciones de Cu Roi. Aquella noche era el turno de Loegaire, ya que éste era el mayor de los tres. Cuando se puso el sol, notaron que el fuerte giraba como si fuera una noria, y es que Cu Roi lo había hechizado para impedir que ningún enemigo pudiera encontrar la entrada en la obscuridad.
Loegaire vigiló mientras los otros dormían. Cuando empezaba a amanecer, del oeste del mar emergió un gigante. Aunque estaba muy lejos, a Loegaire le parecía tan alto como el cielo. Cuando estubo más cerca, Loegaire pudo observar que llevaba en las manos enormes troncos de árbol, que a continuación lanzó contra él. Como no alcanzaron su objetivo, el enfurecido gigante alzó al héroe como a un niño, lo aplasto con su mano, que era como una piedra de molino, y por fin lo lanzó sobre las murallas de Cu Roi. Cuando los otros encontraron el cuerpo malherido del héroe, pensaron que había tratado de saltar la muralla para desafiarles.
A la noche siguiente, correspondió a Conall Cernach el turno de guardia, y el gigante hizo con él lo mismo que había hecho con Loegarie. La noche en que correspondía a CuChulain montar la guardia estaba maldita, pues se había profetizado que un monstruo que vivía en el lago sobre el que se asentaba la ciudadela, devoraría a todos los que en ella habitaban. Antes de la salida del Sol, el ruido de una gran tromba de agua despertó a CuChulain, que se había quedado dormido. Al mirar por encima de las murallas vio al monstruo, que se alzaba imponente sobre el lago. Giró la cabeza y atacó la fortaleza, abriendo sus grandes fauces, dispuesto a devorar todo cuanto encontrase. CuChulain dio un gran salto en el aire, agarrando a la bestia por la garganta y arrancándole el corazón.
Apenas había tenido CuChulain tiempo de descansar cuando el gigante apareció saliendo del mar. Lanzó sus troncos contra CuChulain, y éste le arrojó su lanza, pero ambos fallaron. Entonces, el gigante trató de agarrar al héroe con su puño, pero CuChulain era demasiado rápido, y realizando su salto del salmón, atrapó al gigante con su espada. ‘Te daré lo que desees si me perdonas la vida’, dijo el gigante. ‘Quiero el premio del campeón y que Emer sea la primera dama del Ulster’, dijo CuChulain. ‘Concedido’, exclamó el gigante, y desapareció entre la niebla del amanecer.
Al día siguiente, Cu Roi regresó y, habiendo oído las hazañas de CuChulain, le concedió el premio de campeón. Los tres héroes regresaron al Ulster. Y una vez más Conall Cernach y Logaire se negaron a reconocer la victoria de CuChulain; pero CuChulain estaba ya algo cansado de la competición, así que dejaron la disputa por el momento.
Agún tiempo después, Conchobar y sus hombres del Ulster acudieron a una cena en Emuin Machae. Allí se les apareción un odioso ogro que, desde la puerta, les retaba a participar en el juego del ‘decapitamiento’. Ésta vez, los tres grandes héroes estaban ausentes, así que Muinremur aceptó el desafío. ‘Éstas son las reglas’, dijo el monstruo. ‘tú me cortas la cabeza esta noche y yo corto la tuya mañana’.
‘Me parece justo’, rió Muinremur, que en realidad no tenía la menor intención de cumplir su parte del acuerdo con el estúpido ogro. Este puso la cabeza sobre la tajadera y Minremur se la cortó con un hacha. Para sorpresa de todos, el ogro se levantó, cogió su cabeza y salió andando, diciendo que volvería al día siguiente. Y la noche siguiente, allí estaba el ogro, pero nadie fue capaz de encontrar a Muinremur. El ogro se quejó de la afrenta, y otro guerrero aceptó el mismo desafío, pero cuando llegó el turno del ogro, este guerrero, como el anterior, desapareció. Lo mismo ocurrió tres noches seguidas, y la cuarta noche había en la corte una multitud que quería presenciar aquel prodigio. Entre ellos había llegado CuChulain, a quien el ogro retó a participar en el juego del decapitamiento. CuChulain no sólo le cortó la cabeza sino que de un golpe esparció los sesos del monstruo por todo el suelo. Esta vez también el ogro se levantó, recogió todo y se marchó. Volvió a la noche siguiente, pues sabía que CuChulain era un héroe y mantendría su palabra. ‘¿Dónde está el héroes CuChulain?’, preguntó el ogro.
‘Yo no me voy a esconder de ti’, contestó CuChulain.
‘Pareces preocupado’, dijo el ogro, ‘pero al menos has mantenido tu palabra’. CuChulain colocó su cuello sobre la tajadera y el ogro levantó el hacha; todos los presentes contuvieron la respiración y volvieron la mirada hacia otra parte. Al dejar caer el hacha, el ogro giró ligeramente la hoja de forma que sólo el mango del arma golpeó a CuChulain en el cuello.
‘Ahora levántate, CuChulain’, dijo el ogro, ‘porque de todos los guerreros del Ulster y, en realidad, de toda Irlanda, eres el más grande en términos de valor y honor. Eres el campeón de campeones, y el premio de Bricriu es para ti. Tu esposa Emer es la primera dama del Ulster. Y si alguien de entre vosotros quiere disputarle ese hecho, debe de saber que tiene los días contados’. Con éstas palabras el ogro abandonó la sala, pero al salir se transformó en Cu Roi, hijo de Daire, y de esta forma se aseguró de que el pleito de los tres héroes quedara concluido definitivamente’